Atopia cutánea.

La atopia cutánea puede ser una enfermedad larga, pero no grave.

¿Qué es la atopia cutánea?

La atopia cutánea es un eczema que aparece en los niños y aunque no suele ser grave si que puede durar mucho tiempo hasta que el tratamiento adecuado consigue acabar con el.

La atopia consiste en la aparición de placas rojizas, una piel en exceso seca y va acompañada de picores y posibles inflamaciones. Los lugares en los que aparece son variados y se extienden prácticamente por todo el cuerpo del niño, así pues las podemos encontrar en rostro, pecho, extremidades, espalda.

Este eczema suele aparece en niños muy pequeños, de meses aún y se suele prolongar en algunos casos hasta los diez años de edad.

¿Existen niños predispuestos a sufrirla?

No, no es genético y no se sabe muy bien porque algunos niños la sufren y otros no. Cabe indicar que un niño con una atopia cutánea es un niño sano que puede hacer vida normal, si excluimos el lógico cuidado y protección que necesita para curarse.

¿Qué se puede hacer?

Lo primero y fundamental es acudir al pediatra del niño para que valore el alcance y la gravedad de la atopia. En función de esta gravedad podrá aplicar alguno de los tratamientos recomendados y que son:

  • Dermocorticoides.
  • Inmunomoduladores tópicos.
  • Aguas termales.

¿En que consisten los tratamientos anteriores?

  • Los dermocorticoides son ungüentos o pomadas con una base de corticoides y que será aplicados en el niño en las zonas que indique el médico. Estas cremas han de aplicarse sobre la piel limpia y dando un pequeño masaje para favorecer la absorción.
  • Los inmunomoduladores tópicos son medicamentos que inhiben la inflamación de forma diferente a la de los corticoides.
  • Los tratamientos termales pueden ser favorables a determinados niños tanto para curar como para aliviar los síntomas. Las distintas aguas y las diferentes sustancias en ellas presentes suelen tener un efecto muy rápido y duradero en el niño.

¿Qué más puedes hacer?

  • Mantén la piel del niño lo más limpia y cuidad posible.
  • No le bañes o le duches con agua demasiado caliente.
  • Se deben usar jabones suaves y de ph neutro para que no alteren el débil equilibrio de la piel del niño. Después del lavado se debe enjuagar muy bien al niño para que no quede ningún resto de jabón en la piel.
  • No conviene un secado demasiado fuerte, puede producir una reactivación en el picor.
  • Hidratar la piel del niño con un suave masaje para que sea absorbida convenientemente. La hidratación ayudará a la piel del niño a defenderse mejor.
  • Cuida la ropa que compras al niño. Evita prendas de tejidos sintéticos y demasiado ajustadas, evita también aquellas prendas que rocen al niño, sobre todo en las zonas afectadas.
  • Lava la ropa con detergentes suaves y aclárela abundantemente. No suelen ser muy recomendables los suavizantes.
  • El sol les favorece pero se debe cuidar la exposición de los niños al sol. Los niños menores de 4 años no deberían ser expuestos al sol.
  • Usa factores de protección altos y renuévalos a menudo.
  • Infórmate del índice de radiación ultravioleta y adapta los horarios a los momentos en los que estos índices son menores.
  • Ventila muy bien la habitación del niño.
  • Usa aspiradores de agua. Estos consiguen retener en el agua el polvo que los normales de bolsa acaban dejando salir al aire.